Rape attempt: 1st

1 septiembre 2010

 

 A mí los ojos claros me chupan un huevo. En cambio, un ojo que dilata alocadamente con párpados abiertos de par en par me estupidiza y me perturba. Maxi tenía las dos cosas. Las chichis que lo seguían (tenía unas cuantas groupies) se derretían por sus ojitos turquesa. Eran raros esos ojos, me excitaba muchísimo la lotería de encontrarlos un día celestes, a la tarde casi blancos y de noche como una pelota negra, apenas delineados por una circunferencia celeste cuando se agigantaban sus pupilas, era de locos. Eso tendría que haberme alertado sobre la cantidad apabullante de personas que podían convivir adentro de él.

 Me dio mi primer beso en julio y desapareció en noviembre. Ya había cumplido 12 años y estaba enojada conmigo, con mi familia, con mi niñez. Y prometí que si volvía a verlo no podía seguir siendo una nena. Un día de abril o mayo del ’97, año y medio después, apareció en mi casa con Mariela, una nena bien del club que bailaba en el Colón y esquiaba en Suiza. Cuerpito grácil, culo gallardo y unos bucles dorados que le enmarcaban su rostro de muñequita, sí, una muñeca que ama la joda. Ya la conocía a Marie, éramos el agua y el aceite, tomarse un bondi para ella era una aventura a la que se prendía para hincharle las pelotas a su madre, que sólo dejaba de laburar para organizar el Té en el Alvear. Llegaron a casa en el bendito 86, ella había faltado a sus clases en la UCA y tenía la mirada de un turista en África, mitad asustada y mitad incrédula. Tomábamos mate y cuando se levantó para ir al baño, Maxi me estampó un beso y me juró que no se la bancaba más, y que le re cabía mi pantalón Adidas agujereado. Tenía 13 años y me gustaba mirar El mundo de Bobby o escuchar Nirvana, ¿qué posibilidades tenía yo al lado de esa terrible perra? Ese ejemplo de mujer. La nuera ideal.

 Con el tiempo nos hicimos amigas con Marie, encima ella tenía contactos impresionantes en lugares que yo sólo conocía por la revista Gente, vacacionaba con los Blaquier, por ejemplo. Pero ella era sensible, definitivamente era la muñequita rebelde, sólo que no sabía cómo patear el tacho. Tuvimos varias aventuras y me presentó a varios amigos, y yo no entendía, ella tenía una vida de cuentos, podía hacer lo que quisiera, y sin embargo elegía bancarme a mí, me elegía a mí, igual que Maxi.

 Con los meses se hizo insoportable, él se daba vuelta cada dos por tres y pedía que yo lo asista, yo no tomaba, pero ella veía todo desde afuera y tomaba por tres. Se le fue yendo a la mierda su futuro brillante, aunque la merca la ayudaba a resistir, pero era tan generosa que me llamó un día llorando para decirme que me amaba, que lo amaba a él, y que era una estupidez seguir en el medio. Así, y mientras le pedía perdón por estar haciéndolo, volví a ser la chica de Maxi. Confiaba en él porque era también mi mejor amigo, y yo siempre fui una bocona, realmente sabía todo de mí y lo que pensaba. Y yo sabía que él era activo sexualmente, pero no tenía intenciones de regalarle mi flor. Entonces cada vez que cachondeábamos elegía besarlo, o le proponía una tercera persona. Por favor, qué pendeja trastornada.

 Una noche nos peleamos y él salió solo. Fue a un bar y volvió temprano, y a eso de las 9 de la mañana del sábado me llamó a casa diciendo que su hermana Eli, gran amiga mía, estaba enferma y quería que yo le hiciera el aguante. Y yo fui. Cuando llegué a su casa no había Eli, ni mamá ni nadie, sólo el pendejo y mucho porro y chocolates. Miramos una película y amasamos pizza, y mientras él limpiaba todo yo fui al baño de servicio a lavarme las manos.  De golpe se abrió la puerta, me agarró por detrás y me besó, me subió el vestido y se le transformó la cara. Mientras se bajaba el cierre lo empujé, se patinó y con los pantalones en los tobillos me agarró del brazo y me pegó una trompada. Me tiró dentro de la bañera y él se tiró arriba mío, cuando me estaba besando yo salí por un costado y se rompió la nariz con el piso de la bañera. Salí corriendo y él detrás mío, tropezándose con los pantalones y con una silla que astutamente puse mientras corría en el final de la escalera.  Me escapé de su casa, me revoleó las llaves por la cabeza, fue una locura. Maxi era un sol, era hermoso, pero no iba a ser la única locura.

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