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14 noviembre 2009

 Tengo ganas de decir pelotudeces pero mis hijos (los únicos interlocutores en mi vida) no las van a entender.

 Hay un motivo por el que sí me gusta que pase rápido el tiempo. Y por el que me pongo mal cuando pienso que falta mucho para eso. Los mundiales y los Juegos Olímpicos. ¡Cómo lo disfruto, por favor! En el 2006 renuncié una semana antes. Estaba embarazada y me sentía muy mal, pero devorarme los partidos me hizo mucho mejor. Los Juegos del 2004 también los pasé embarazada y tuvieron el mismo efecto. No quiero repetir todas mis cábalas, igual. Además el mundial lo perdimos. A finales de junio, ese momento en que uno dice “la mierda ya pasó medio año”, yo me dí cuenta que dentro de exactamente un año iba a estar disfrutando de nuevo de esa fiebre, y fui feliz.

 Alguien se dio cuenta que estamos terminando una década, por Dios! Será la década del 00? Del 2000? La primera década?  A mí, lo que me jode, es darme cuenta. Para la del 80 era muy nena, la del 90 estaba en la joda, y esta me agarra siendo una mamá en crisis. De todas las cosas que una persona puede ser, esa triste frase me resume genial y me deja parada en un lugar que ni en pedo me esperaba. Y tan grande como para ser consciente, me cago en la puta madre.

 Puedo hacer dieta de cualquier cosa en el mundo, pero las galletitas dulces y la chocolatada son mi muerte. Sé hacer mezclas riquísimas con todas las leches y cacaos, hasta de marcas desconocidas, los probé todos. Tengo mi fórmula ideal y le gana a cualquier Cindor y flia. Sé combinar cada galletita marketinera con la temperatura y dosificación ideales. El día que deje de tomar voy a tener $800 al mes para gastar en zapatos y Rivotril, obvio, porque no voy a superar ese trauma.

Oficialmente, soy la madre más apestosa del universo. Porque si no me diera cuenta vaya y pase. Pero saber cómo se hace y no hacerlo es de reverendísima hija del culo que soy. Mis pobres changuitos, los amo tanto.

   De cada amor que tuve tengo heridas,
heridas que no cierran y sangran todavía.
Error de haber querido ciegamente
matando inútilmente la dicha de mis días…
Tarde me di cuenta que al final se vive igual fingiendo…
Tarde comprobé que mi ilusión se destrozó queriendo…
Pobre amor que está sufriendo
la amargura más tenaz
Y ahora que no es hora para nada
tu boca enamorada me incita una vez más.

Y aunque quiera quererte ya no puedo,
porque dentro del alma tengo miedo.
Tengo miedo que se vuelva a repetir
la comedia que me ha hundido en el vivir.
Todo lo que di, todo lo perdí…
Siempre puse el alma entera,
de cualquier manera,
soportando afrentas
y al final de cuentas
me quedé sin fe.

De cada amor que tuve tengo heridas,
heridas que no cierran y sangran todavía.
Error de haber querido ciegamente,
perdido en un torrente de burlas y mentiras.
Voy en mi rodar sin esperar y sin buscar amores…
Ya murió el amor porque el dolor le destrozó sus flores…
Y aunque hoy llores y me implores
mi ilusión no ha de volver.
No ves que ya la pobre está cansada,
deshecha y maltratada por tanto padecer…

 Este tango es hermoso y lo canto desde muy chiquita. Nunca creí que iba a aplicar a mi vida. Los últimos 4 versos son una declaración fatal que, si entendieras, te lo explicaría.

 Yo lloré mucho y desconfié mucho, di todo para recibir mentiras y cuando me cansé de sufrir, justo en ese momento se te ocurre cambiar. ¿Para qué me venís a dar lo que te pedí hace 9 años? Y te juro que quisiera aceptártelo y volver a darte todo, volver a sentirte sólo a vos pero es tarde, ja. A mí me duele más que a vos. Nunca quise que sufras y sólo quise pensar un rato en mí. Si no me vengué en tantos años, por qué pensás que lo hice justo esa vez? No, ojalá hubiera sido sólo despecho pero lamentablemente soy una enferma que se involucró. So sorry, no sé para dónde correr.

Una vez escuché que todas las minas tienen a su grupo de “las chicas”. Todas. Not me. Si bien me llevo genial con los hombres y las boludeces de mina me rompen las bolas, extraño un poco ese boludeo. Y estoy harta de estar tan sola, loco. Todavía no entiendo bien por qué, pero la gente que me rodea siempre hace lo mismo. Primero no me entienden, soy rara. Después me empiezan a querer, y en un momento se vuelven recontra dependientes. Yo soy de las que escuchan y que está siempre, y es genuino porque es lo que siento, realmente quiero estar y escuchar. Pero, extrañamente, en un momento y sin decir nada ni generar una pelea, desaparecen. Inútil es que trate de recomponer algo, se hacen los boludos y me ignoran. Te aviso, sombrita que me persigue desde los 5 años más o menos, si seguís provocando lo mismo me voy a cansar y me voy a tirar abajo del Roca sólo para ver con una sonrisa inmunda en mi cara cómo te desintegrás, forra del orto.  Claro, vos me tenés a mí para reírte de mi infortunio y nunca vas a estar sola, puta.

 Digo yo, ¿vos, justo vos tenías que elegir el mismo método para salir de mi vida? ¿Borrarte y listo? Hubiera preferido que me digas que te doy asco. Volvé y decime eso, porfa, que soñar con vos e imaginarte triste me está volviendo loca, baby love.

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