Larry el caminante

3 septiembre 2009

 

 Hoy eras colorado, Larryto. Nos cruzamos de casualidad, pero yo me di cuenta enseguida, lo había esperado tanto. No tuve duda, supe que era el momento del encuentro y que era raro, pero iba a ser así. Seguramente estabas trabajando, tenías puesto un traje Ombú marrón. Andabas con unos cables y fuiste a decirle no sé qué a la patrona, que no sé quién era pero estaba hablando conmigo.

 Llovió detrás de mis frontales, pero detuve la tormenta. Yo quería ir corriendo y abrazarte fuerte pero estaba con mi marido al lado, que sabés qué? terminó siendo más loco que vos. Cómo te extrañé, Larry, cómo necesitaba estar con vos en ningún lado, errando, tomando unas cerves bien frías como si no hubiera tiempo ni espacio, ni peligro ni nadie más que nosotros, el cielo estrellado y los Pall Mall Rustic.

 Tengo mil cosas que confesarte. Ahora estoy más grande, entiendo muchas cosas y otras muchas no me las puedo creer. ¿En qué pensaba yo cuando no podía imaginarme una relación con vos?  Creo que pensaba en el respeto y en el amor a mi novio, sabía que no teníamos nada que ver pero aunque vos me fascinabas no podía avanzar. Qué entera me mantuve, no era fácil resistir a tus encantos. Si me vieras ahora, sería una escena muy parecida a la que vive Jeremy Irons cuando vuelve a ver a Lolita. Me traicioné tantas veces que no creerías que soy la misma.

 ¿En qué pensabas vos, con tus 33, cuando creías que todo lo que salía de mi boca de 18 te confirmaba que queríamos lo mismo para nuestras vidas? Yo te hablaba de la familia que soñaba, era todo como una canción. Vos ya necesitabas asentarte pero yo creía que faltaba mucho para que eso se cumpla en mí.

 Sos el único que creyó en mi capacidad. Me pongo colorada, pero me enorgullece recordar que te serví de inspiración para una pintura lindísima. Siempre te quise, pero ahora te quiero más. Cuando estaba embarazada soñé muchas veces con vos, qué perturbador, ¿no?. Tal vez porque sentía que vos tenías que ser ese padre, estaba tan confundida.

 Hace mucho conocí a un alemán chiflado, que ya no era bienvenido en su pueblo porque todos conocían la historia de él y el despertador que cagó a escopetazos. De sus arranques de locura, de su vida bohemia. Que volvía al pueblo para disfrutar con un morbo espectacular ir al cementerio y ver su nombre en una lápida, como si eso fuera motivo de orgullo. A él lo enorgullecía que nadie más pudiera tener ese privilegio, el de hablarle a su propia tumba. Él se enamoraba aunque no le quedaran ya más nombres por inventar. Él tenía vidas paralelas fantásticas, en las que se perfumaba con gardenias y armaba esquemas de miedo con su compás áureo perfectamente calibrado. Vendía hachas medievales que fabricaba con una artesanía terriblemente pasional. Dormía donde cayera la noche, donde fuera bienvenido, y se rodeaba de protagonistas de cuentos, que vivían en pasajes llenos de tilos y árboles de mora, y transformaban un renault 12 en una Ferrari, como Oompa Loompa’s eruditos. Él todo lo podía, porque si no sabía, lo aprendía. Era tan descarado, tenía tan poco miedo que se animaba a ser artista aunque cualquier niño de 3 años dibujara mejores monigotes. Pero, ya lo dije, su pasión le ganaba a todo eso, porque la misma gente que le temía a su mirada esquizofrénica terminaba admirándolo por estar tan loco y pintar tan bien, por ser tan prolífico, por ser capaz de enloquecerse aún más y sin miedo para descubrir las trampas de Kandinski, por sentarse y asesinar el piano a teclazos a ver qué le salía. Él se la jugaba.

 Al alemán le dí una camisa amarilla flúo, llena de ananáes anaranjados y violetas, una noche que queríamos ir a bailar música bien latina. Por supuesto que se la puso, un bailarín de Carmen Miranda, un Harry Belafonte blondísimo. Larry no tenía miedo ni se avergonzaba. Yo iba a llevar un look similar, pero antes de cambiarme nos dio hambre y bajamos a comer algo al living, en el hall de la casa de mis padres. Mientras comíamos y mirábamos tv, llegó mi hermano (https://gutundbillig.wordpress.com/2009/03/31/me-matan-limon/) con tres amigos suyos. Esa clase de amigos. Les abrí la puerta y se sentaron en el living, tenían unas caras muy raras y se miraban entre ellos. Después de un rato, Larry me miró más colorado que de costumbre, entendí todo y largamos a reír. Los pibes no podían más de contenerse la risa, era una imagen increíble llegar a la casa de Lechuga y contemplar esa escena, el alemán de flequillo nazi y su camisa, tirado en el sillón como dandy, tomando Cointreau y pisando las plumas tiradas en el suelo con total naturalidad.  Es que él era así, a él le pasaban estas cosas, las provocaba porque llevaba su magia y su locura con él, con las estrellas, con su cara de Hugh Grant.

 No sé porqué soñé con vos hoy, ni porqué después de hablar con tu patrona nos subimos a un velero con forma de subte de la línea A. Será para estar a la altura de las circunstancias, porque todo lo que te rodea tiene que ser pintoresco. No te pude abrazar ni en el sueño, se me siguen sumando abrazos por darte y no sabés, te los tengo que dar ya.

 Estaba pensando en lo que me enseñaste y olvidé. Lo de Saturno, por ejemplo. Lo de los ciclos de 7 años que te acercaban de nuevo a lo alemán y tu infancia, y que hace 7 años yo fui el vehículo de eso. Creo que voy a retomar mis estudios de alemán, a ver si nos encontramos de nuevo, porque lo necesito. No por la familia que deseábamos, esta la piloteo como puedo y no me va nada mal aunque parezca lo contrario. Lo necesito porque no puedo admitir que hayas pasado por mi vida, que hayas sido tan fantástico y ya no sepa nada de vos, no es justo. Tal vez porque necesite un empujón, una mirada cariñosa. Y porque quiero dártela si la necesitás, quiero que cuentes conmigo.

 Después de ser mamá por segunda vez, me asombré del amor. Me maravilló darme cuenta que a pesar de amar mucho, en el corazón siempre, pero siempre, hay espacio para mucho amor más, sin quitarle espacio a otro. Yo amo a todas las personas que conocí, yo los sigo recordando y sigo deseándoles lo mejor. Pero tu lugar es más grande y cálido, se puede ampliar e incluso, hay lugares nuevos para todos los que te hayan dado felicidad. Pasá un ratito que la casa es grande, pasá como quieras y con quien quieras pero pasá que te necesito, mi alemán chiflado, quien sea que seas hoy, y aunque tu naturaleza errante haga que desaparezcas otros mil años más.

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