Sadbread, la huída

10 mayo 2009

 

 Pasó todo julio mientras nosotras cambiábamos el horario del ataque a diario. Mi madre, sobreprotectora, me mandaba al colegio en remís. Eso complicaba mucho concretar el delirio a la mañana, y no sabíamos cómo hacerle cruzar el campito de noche a Daniela. Así que después de meses de hablar del tema, nos aburrimos y nos fuimos olvidando un poco del delito.

 Auro iba muy seguido al Parque Rivadavia, en cambio yo era pro Parque Centenario. Ahí íbamos con mis amigos de Floresta, ahí conocí a Los Gardelitos y me reí de una imitación de Chizzo que cantaba en La Mancha no sé qué… Además del Chileno, que era hermoso para ver sin escuchar. Yo le hablaba de eso y ella me hablaba de los libros, revistas y videos que ojeaba allá. Cosas que me emocionaban, notas y discos de Bowie, Virus, Sumo, Morrison, Nirvana, Pistols, la Velvet, Joplin, Zappa, Marley, Spinetta… cosas a las que no teníamos acceso en otro lado, y además, cosas por conocer. Era un mundo de sensaciones.

 Pero mi mamá no quería que yo salga tan lejos con Aurora. Ella confiaba mucho más en la imagen de los de Floresta, en su imagen de niños bien, con ellos me daba permiso. Irónicamente para mi madre, fueron ellos quienes me hicieron conocer el bajo mundo.

 Así que, ante la falta de libertad y la ansiedad por el mundo exterior, empezamos, nuevamente, a planear. Esta vez, el plan era ratearnos, la primera rata. Y de nuevo, el obstáculo era el remís, el remisero más exactamente, que era la chusma del barrio y me esperaba en la puerta hasta que entraba.

 Mi amiga me iba a esperar en una esquina de mi camino, y yo le diría al chauffeur, con mucha naturalidad, “¡Uh, mi amiga! Me bajo acá”. Eso hicimos. Cuando vi la mochila de Aurora me agarró dolor de estómago. Casi no me animo. Pero bajé, nos miramos y medio que dijimos… “Y ahora, ¿qué se hace…?”

 Y bueno, nos fuimos a tomar el 103. En el camino vimos pasar el auto de una compañera con su madre, pero no nos importó que nos vieran alejándonos del colegio. Podíamos estar yendo a comprar algo, ¿ellos qué sabían?

 La pasamos genial. Tomamos mucho mate cocido en McD, te daban la leche, fluída, en un vasito precioso. Nos atragantamos con los dos parques y fumamos mucho, libres de todo. No teníamos plata, pero nos dimos varios gustos.

 Al día siguiente hubo que volver a la escuela. Por unos días recordamos nuestra epopeya con cariño. Hasta que la preceptora nos hizo bajar a la realidad.

 -Las vieron saliendo de la escuela. Traiganme el cuaderno de comunicaciones.

Nos morimos. Todo el mundo murmuraba, todo el mundo sabía algo.

Citaban a nuestros padres a hablar con la Dirección del Colegio Parroquial…

 A la mañana siguiente estaba obligada a mostrarle el cuaderno a mi madre. Ella, de segundo nombre “Melevantodemalhumorsiempre”, esa mañana estaba radiante, chistosa, dulce. Me quería morir al cuadrado.

 Tocó la bocina el remís. Le dí un beso a mi perra, otro a mi mamá, le tiré el cuaderno rojo y me fui corriendo. Una vez arriba del auto, le vi una mirada que nunca voy a olvidar. Leyó la nota y me miró, espectral, le había asesinado la ilusión. Su sueño de la princesita bailarina, Rapunzel.

 Daniela, a quién apoyé en varias dificultades, era una mina muy depresiva. Ella vivía en un 4° piso, y siempre la encontraba en su ventana, sentada en el borde, queriendo tirarse por cualquier historieta. Hablábamos bastante de eso, y yo le decía que ni en pedo me mataba. Que antes de hacer algo así, prefería escaparme, irme lejos, viajar.

 Esa tarde no podía volver a mi casa, no way. Antes de irme preparé mi mochila y junté mi capital, $5 y monedas. Escribí una carta pidiéndole perdón a mi madre y le expliqué eso, que “ni en pedo me mataba”. Delirante, hasta le dije que yo amaba a mi país, que tenía que seguir mi camino en pos de ese sueño… Y que amaba a mi familia y al rock… Pobre madre.

 Agarré mis cosas y una frazada, era agosto y hacía frío. Le di el último beso a mi perrita, cerré la puerta por última vez y me fui a vivir a la calle.

 Jo.

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One Response to “Sadbread, la huída”

  1. Lola Says:

    Uy, se pone más interesante todavía la historia.
    Espero el proximo capítulo


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