Sadbread

6 mayo 2009

No va más, basta ya, no soporto la escuela

Días aburridos, prisioneros…

(Hoy los chicos sólo quieren punk rock)

Escupiremos al director, y mearemos al celador 

Incendiaremos todas las aulas…

Anarquía en la escuela!

Agarraremos los profesores, los colgaremos de sus corbatas,

en sus cabezas haremos caca…

 

 Hasta 3° grado fui casi líder, la que sacaba mejores notas y chupaba las medias. Eso provocaba amores y odios, que deben haber estallado al año siguiente, se ve que no lo pude sostener más. Seguían respetándome, pero se burlaban de mí unas 50 veces diarias durante esas 4 horas.

 Nos habíamos mudado lejos con mi familia, y yo viajaba una hora para no abandonar mi querida escuelita. Pero el cariño que me profesaban mis compañeros hizo que todo fuera más fácil a la hora de tomarme el palo.

 Así empecé en la escuela nueva, en la que fui la nueva durante unos 3 años,  seguramente por mi actitud vegetal. No me quedaba otra que seguir siendo buena alumna, porque era lo único que podía hacer ahí adentro. Sólo alzaba mi voz para luchar contra la injusticia y defender a mi amigo Diego, Dieguito, el nene más bueno y más maltratado del barrio. En eso metía toda mi pasión.

 No quería que me vieran sola, perdedora. Entonces durante los recreos, esos que antes esperaba feliz para estar corriendo con mis amigos, me encerraba en los baños y dormía, cantaba, escribía, imaginaba. Imaginaba, sobre todo. Que un día me animaba y desarrollaba un súper poder que me hacía saltar corte Spiderman, y todos me miraban maravillados y querían ser mis amigos. Yo perdía el miedo y usaba ropa linda, la que a mí me gustaba, no la que elegía mi mamá. También quería tocar flauta traversera, lucirme en la clase de música y que en el recreo todos me pidan que les muestre cómo hacía. Cantar, bailar genial, ser hermosa. Lo que me ayude a olvidarme del miedo, porque me moría de miedo, daba vueltas a la manzana 20 veces para no cruzarme grupos de chicos, me veía observada y humillada.

 Cuando me hice de amigos grandes, ese miedo mutó a resentimiento. Porque me sabía más piola que los de mi grado, porque ya hasta me había drogado, había viajado sola, sabía lo que era la noche y la calle y ellos no tenían ni idea. Pero igual no querían ser amigos míos, ¿qué se pensaban? 

 Yo envidiaba que fueran más sanos que yo, y que el futuro sí los dejara a ellos vivir cada cosa a su tiempo. Como si a los 11 años ya hubiera trazado mi destino. A mis compañeros los quería, quería cuidarlos, aunque casi no supieran quién era yo. Pero ellos parecían querer hacérmela cuesta arriba, y hacían todo lo que iba en contra de mis recientemente adquiridos principios.

 Escuchaban la música y la radio equivocadas, se desvivían por marcas de ropa y lo que había que usar, miraban Montaña Rusa, soñaban cumples de 15 en USA y viajes de egresados en Acapulco. No sabían nada de historia ni de lengua, y en la clase de música querían cantar “Tutá Tutá” o las de Luis Miguel. Y yo me sentía tan fuera de lugar…

 Me hice de una buena amiga/cómplice, que supo pertenecer al grupo de gente con onda. La hice tan a mi imagen y semejanza que se hizo cargo de todas mis banderas. Empezó a odiar a sus ex amigos chetos.  Pero se ve que despierto pasiones, porque cuando nos peleamos, me siguió diciendo que me amaba, mientras sembraba el odio hacia mí en sus ex amigos, que ahora eran sus incondicionales. Cero códigos, mentirosa, les contó de los venenos que destilábamos. 

 Ahora tenía una nueva mejor amiga yo también, que me acompañó en mi lucha, y con la que tratábamos de entender qué carajos era ser de izquierda, y soñábamos con ser presidentas. Así. Ella parecía ser una extensión de mí. O yo una de ella, la cosa es que mimetizamos. Apoyaba mis delirios y actitudes antisociales. Yo para este tiempo había perdido a mis amigos grandes, y necesitaba la simbiosis. Pero Aurora era extrema. Nos poníamos de acuerdo en la rebeldía que se necesitara en ese momento: ser morochas, ser sucias, escuchar rock, vivir rock, amar al rock.  Nada era necesario, y ella lo aprendió más rápido que yo, que defendía la camiseta a muerte. Con ella odiamos corrosivamente. Y planeamos mil maneras de vengar la falta de códigos de mi ex amiga, su desesperación por volver a pertenecer a algo tan vacío.

 Nos íbamos a vestir de negro, y una mañana de julio la esperaríamos por el camino, y la pelaríamos. Como una rodilla iba a quedar. También las cejas y las pestañas, tenía que ser un monstruo y pagar su vanidad.

 Planeamos todo, todos los detalles. Ella compró las Gillette y yo conseguí la ropa negra y la espuma (¿¿para que no se irrite??), nos faltaba arreglar el temita del cloroformo, y cómo usaríamos las bolsas de consorcio.

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2 Responses to “Sadbread”

  1. Memé Says:

    YYY??? Que pasó????

  2. Lola Says:

    Me dio mucha pena lo que contabas que te pasó de chica en el 2º colegio. No tanto, pero en cierta medida creo que a todos nos pasó en algun momento sentirnos diferente al resto y defendernos de esa forma.
    Ahora la historia de la adolescencia me la dejaste en suspenso. Menos mal que nunca fui vanidosa, pero igual reconozco que me hubiera dado un poco de miedo ir al mismo cole que vos y tu amiga, jajaja

    Besos!


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