Amor descartable

12 abril 2009

 No está en mi naturaleza cagarte. Ok, ok, está en mi naturaleza, pero le doy batalla a morir, me paro de manos y arengo, dale, dale vení le digo, vení que tengo aguante.

 Porque no lo sabés, ignorás mi lucha interna, o pensás que soy una gatita fiel hasta la sinapsis. Fiel y putita tuya, ok, me sale, pero no creas que es tan fácil. Cuanti menos, si vos la jugás al revés. Justamente, ahí está mi capricho. Que mi sensualidad es de lo más corrompible, a lo Fedor Karamazov, no resiste nada, le caben todas, se regala al viento. Y en la pelea, mi dignidad aparente me mantiene casi pura,  casi fiel, de obra y de acción, como una reserva natural que lleva el nombre de su único explorador, el tuyo.

 Por morochazo, por fibroso, por morfeta, por debilucho, por atorrante, por usar términos científicos correctamente, por nene de mamá, por ciruja, por apoyar a Evo Morales, para todos tengo amor. You, and you, and you. Siempre hay un motivo Real para brindar.

 Te conté de mi flagelo. Te lo expliqué porque nada puedo ocultarte, porque no sé ahorrarme detalles. Y me creo que algunas transparencias pueden afianzar nuestra confianza, cuando no hay secretos. Patrañas, pienso ahora. Si vos igual te pensás que no tengo ojos más que para vos. Tu amor propio no te deja pensar otra cosa.

 ¿Por qué hay gente que tiene la realidad como póster central, y sin embargo se come su fantasía?   ¿Para qué te sirve imaginar que soy otra?  Porque no me vas a venir a decir ahora que vos me conocés. Yo sé que te morís de miedo, que ni siquiera te imaginás no estar acá.  Me lo decís siempre, mientras te llora el abdómen. Sabés que estás en el descenso, que del Sacachispas para arriba, cualquiera me ofrece algo mejor que vos. Toda oferta es negocio.

¿Sos kamikaze?

¿Me ponés a prueba?

¿Todavía no sabés quién soy?

¿O estás absolutamente ciego de tu vanidad?

Me inclino por esta última. De otra forma no me explico porqué contrataste al plomero. Ese rubio malo de 1,90 mts., dueño de una mirada que te desnuda hasta los gérmenes. Calientes ojos verdes, techados con unas cejas robustas y despeinadas. Nariz de angelito, labios y dientes de corsario. No voy a recordar el resto del cuerpo, no. Sólo voy a decir que desde abajo de su camisa Ombú azul me chistaban varios dibujitos viajeros, excelentes anfitriones, que recorrían su piel áspera. Y en un juego muy tramposo y vergonzante, obligaban a mis ojos a recorrer sus idiotizantes brazos también, asomándonos a sus omóplatos, mientras le hablaba y pensaba que encajaba un 95% en Miami Ink, a la par de Ami.

 Lo citás a las 10 a.m., sabiendo que lo voy a recibir en pelotas y con un revoltijo que me queda espléndido después de dormir 8 horas sola, sola en mi casa. Un flaco malo, que es tan obvio que me iba a encantar. Obvio para todos, menos para vos. Que vivís en tu mundo lleno de Uzis y Kalakas reales, admirando a Vin Diesel, creyendo que Steven Seagal es de mi tipo.

 No me enloquezcas. Rústico, salvaje, simple, malo. Sí, dame dos. Pero no vayás a creer. Yo decido cuándo levantar las barreras, y si es que las levanto, aunque vos fuerces esa decisión. Si aguanté una semana ese Capitán del Espacio en mi cartera, el Capitán, el Toblerone, Twix y Nutella, ya está, resisto cualquier cosa. Me declaro inconquistable.

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