Gabi, Angelito

27 marzo 2009

 Cuando mi hijo cumplió un año, mi cuñada se casó. Su marido tenía dos hijos de su anterior matrimonio, Sofi de 5 y Gabi, que había nacido un mes más tarde que el mío. Cuando lo conocí me sorprendió muchísimo, tenía unos ojos demasiado tristes para un nene tan pequeño. ¿Triste por qué podía estar?

 Yo, mamá primeriza, tomaba nota de todo lo que hacía mi hijo. No lo pude meter dentro de una burbuja, pero lo hubiera hecho de existir tal cosa. Ni siquiera lo sacaba a la calle, me daba pánico que su naricita impoluta respirase smog. Cuando volví a laburar lo fui superando. Pero la idea de la pureza de los niños seguía instalada dentro mío. Escuchar llorar a uno me mataba, pero no de nervios, sino de angustia, de ganas de hacerle upa, darle besitos y decirle que todo iba a pasar.

 Gabi tenía un añito y no caminaba, ni gateaba, ni miraba, ni reía. Sólo vivía con diarrea y todo lo que comía le caía pésimo. Ni hablar de que comía carne picada desde los 3 meses. Pasaba las horas atado a una sillita de mimbre de la que siempre se estaba cayendo. Mirando al vacío. Si le hacías upa se quedaba inmóvil. No tenía dientes, y yo tan feliz de que mi hijo los cortara a los 4 meses. Nunca se me ocurrió comparar esas cosas como un triunfo, pero sí era inevitable pensar al verlos juntos. ¿Por qué un bebé tenía que nacer para vivir esa vida? Un bebé, todo amor, todo dependencia, que te necesita tanto, necesita calor, tan solito en el mundo. No necesita MacLaren, Avent, Tiny Love, Baby Mozart ni Aprender inglés, no. Necesita algo tan simple como una familia, como sea que esté compuesta.

 Su mamá había tenido dos hijas a los 16. “Las tuvo que regalar” , me contó mi cuñada. ¿? Unos años después, tuvo tres más que estaban viviendo en la calle y con vecinos, porque para eso no estaban las tías ni la abuela. Después llegó su nuevo marido, y con él, Sofi y Gabi. Sofi era una nena hiperactiva y muy contaminada. Yo apenas la saludaba, y ella empezaba a contar las aventuras de su barrio. Me contó, por ejemplo, que su mamá “está internada porque hizo el amor con mi tío y quedó embarazada y tomó orégano, y mi tío y el novio le pegaron y sangró”. Muchas historias de “amantes”, sus favoritas. También cuando su tía, de 15 años, que ya tenía un hijo de 4 y una hija de 16 meses con su primo, estaba internada porque ese primo-marido estaba borracho y le clavó un cuchillo en la panza después de apuñalarla en la pierna 3 veces, cuando la encontró en la cama con su hermano y los nenes dando vueltas por ahí. En la paliza perdió su embarazo de 8 meses. Yo, que había estudiado pedagogía, trataba de huír de Sofi cuando la veía. Porque la quería ayudar, pero todo lo que le decía le daba letra para ahondar en detalles. Hablé con su papá, con mi cuñada, indiferencia total. También, risas.

 Yo pensaba que lo único bueno que le había pasado a estos nenes era la internación de la madre. Le quitaron la tenencia y los tenía mi cuñada. No fue mucho mejor, pero al menos Gabi caminaba, aunque Sofi repitió 1° grado. Al poco tiempo, volvieron con su mamá, que no tenía otro ingreso que el Plan Jefes y Jefas de Hogar y lo que le pasaba el papá de los nenes. A Gabi lo volví a ver en un cumple, cuando tenía 3 años y medio. O me pareció verlo. Me puse contenta, se lo veía más sociable, arregladito, jugando con nenes. Después me enteré que me equivoqué de nene, que Gabi estaba escondido en el pelotero porque “estaba enojado” con el nuevo hijo de su papá. Su madre se encargaba de darle detalles espantosos de lo que le compraban a ese nene, y les contaba a él y su hermana que su papá no los quería porque nunca les compraba nada. Tal vez no estaba tan equivocada, pero seguro que era una recontra yegua.

 Unas semanas después de “verlo”, me llamó mi cuñada llorando. “Gabi se murió” me dijo. Empecé a temblar, a llorar en cataratas, no podía responder ni preguntarle nada. Porque no podía ser que se tratara de “ese” Gabi. ¿Cómo mierda se podía morir un nene de 3 años? ¿Cómo? Pero sí, a veces este es un mundo muy de mierda.

 Su mamá estaba paseando por el centro con el novio. Embarazada de 6 meses. Hacía frío, eran como las 5 de la tarde. Sofi y Gabi quedaron solitos. Ya la tenían clara en eso, igual. En un principio dijeron que hubo un cortocircuito, la chispa cayó cerca de la puerta y Sofi contó, heroica, que fue a buscar a su hermano pero no lo pudo sacar. Como si esto solo no fuera horriblemente triste de por sí, los vecinos y las pericias dijeron que Sofía inició el fuego. Habiendo encerrado a su hermano. Su mano apenas tenía una ampollita, mínima. Cuando la volví a ver, pensé lo mal que estaría, aún si hubiera prendido fuego su casa ella misma. Trauma de por vida es poco. Le quedaría un aprendizaje atroz de saber que ella había logrado matar a su hermano de 3 años cuando se lo propuso. Me la imaginaba autista, balanceándose. Pero en lugar de eso, la escuché decir mil veces que “a ese pendejo de mierda le daban más bola que a mí”. Dando detalles de lo que se habían comprado con la plata de Gabi. Y luciendo, feliz, con 8 años, una cola less que le compró la madre, como sus ídolas de Casi Ángeles.

 Cuando la mamá llegó y se enteró, se tiró al suelo llorando y gritando por su casa. Después empezó a gritar por su bebé. Al día siguiente, un concejal trajo en varios camiones material, chapas, muebles, colchones, electrodomésticos y ropa. Dos días después, la encontramos en el centro comprándose ropa para ella con el dinero que le habían dado de un noticiero, de la municipalidad y del trabajo de su ex.

 En todo lo que declaró le pifió. Dijo que Gabi no se pudo despertar porque había ido al jardín a la mañana, y estaba cansado. Pero cuando las mamás del jardín fueron al entierro, contaron que nunca iba, y en ese mes habría ido unas 3 veces. Por supuesto, esa mañana también faltó.

 Esto pasó hace unos meses, ya. Cada vez que voy a esa casa me pregunto si alguna vez estuvo Gabi ahí. Se fue como vivió, sin importarle a nadie. Pensé mucho en Dios pero no pude hablar con Él tampoco. No lo hablé con nadie. Esto va más allá de Gabi, que ya no está. De la bronca de saber que despertó y no entendía nada, lleno de dolor, de soledad, desamor. De que a lo mejor quiso escapar, pudo, pero como siempre, nunca nadie lo vió. Gabi es tan invisible como antes. Lo que no entiendo es por qué carajo tuvo que sufrir tanto. Por qué nunca nadie supo que existía.

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4 Responses to “Gabi, Angelito”

  1. Magui Says:

    exacto, jane, así es menos invisible, atroz y espeluznante, pero vale la pena. y debe haber tantos, tantos gabi… eso es lo peor.

  2. maragena Says:

    Hola, vengo a conocerte!
    Me quedé sin palabras…..Ningún chico merece ser tratado así, con tanta indiferencia, con tanto desamor….pobrecitos todos porque desgraciadamente son muchos!!!
    Beso

  3. gutundbillig Says:

    Sí, me cuestioné bastante el escribir de esto, por el resto de las pelotudeces que escribí. Pero así es un poco menos invisible, así le importa a alguien más por un ratito y se ve la desidia.
    Me sigo preguntando cómo se ayuda a todos los Gabis que hay, mirándonos resentidos. Yo no supe.

  4. Lola Says:

    Se me llenaron los ojos de lágrimas.
    Supongo que debe ser la negación, de que a un chiquito le pueda pasar algo así, que a pesar del título no me imaginaba el final.
    Pobrecito!
    Al menos con este post lo sacaste del olvido.
    Lo triste es que hay y va a seguir habiendo muchos chicos como Gabi, y es muy dificil hacer algo para ayudarlos.

    Besos


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