Delivery Boy

22 marzo 2009

 Me estoy volviendo impermeable. Hay broncas que de tan frecuentes, pasan a ser rutina, algo más.

 Ayer a la mañana tomaba mate, con la puerta abierta por el fresco matinal. Cuando volví al barrio, una de las cosas que más me entusiasmó fue conocer las caras de la gente que pasaba, escuchar al churrero, los nenes jugando a la pelota.

 Salí a buscar algo al auto y pasó un tipo de unos 30 años, con un cuchillo atravesado en la cintura, guardado. Tuve que prevenir a mis vecinas mayores, que ya la tienen re clara pero aún así, la gente mayor está siempre regalada, distraída. A partir de ese momento me puse a contar, tenía que corregir unas cosas así que iba a estar frente a la ventana unas 4 horas más. Y conté 12 pibes, 12 arrebatos que decidieron tomar el pasillo de mi casa para salir corriendo. 8 fueron las personas que los persiguieron para recuperar lo que les habían sacado. Sin saber dónde se estaban metiendo, la mayoría de las veces por unas gafas o un celular.

 A las 12 me levanté, ya no pude más. Le habían sacado la bicicleta al hijo de Mohad, un nene tan inofensivo como su padre. Parece que los pobres vinieron al mundo a pasarla mal. Y sé que deseó mucho esa bici, que la sacaba tan poco de su casa. Sería lo de menos, su playera, si no fuera por los sopapos que le pegaron hasta que se cayó a la canaleta que es bastante grande y peligrosa, parecida a las acequias mendocinas, pero siempre seca. Me preocupé mucho, se podía haber reventado la cabeza, pero se fue a su casa solito antes de que yo llegara. Pobre, vivir acá te da cierto entrenamiento. Ni se resistió, aunque los nenes eran más chiquitos que él.

 Cuando entré a mi casa, impotente, pensaba en cagarlos a bifes, los conozco a los mocosos. Agarrar a sus madres, mecheras ellas, que dejan a los pibes tirados y se van a afanar, chusmear, comprar, lo que venga con tal de escapar. O hacer más pibes. Algunas dedican bastante tiempo a detectar “viejos con plata” e intentar engancharlos. Tristemente, muchos hombres son tan básicos y evidentes, que ellas lo logran. Al año los podés ver comprando leche, pan y muchos Viceroy con la mina embarazada, un carrito de bebé desvencijado y algún que otro pibito más.

 Estaba pensando en eso. Y lo veo correr a Franquito, que había participado en lo de la bici, que se encuentra justo frente a mis ojos con “el Kevin”. A Kevin le encantaba pintar, todo lo que hacía se lo regalaba a su mamá o a su abuela, y pintaba muy bien. Le pasó los paquetitos con la porquería y pastillas, y volvió cada uno para su lado. Franquito hizo la entrega a la putita del barrio, se hizo unos billetes y volvía contento para su casa, cuando se encontró con “la Bichy”, su mamá de más de 50. Lo recibió cariñosamente: -“Guacho gato, qué hacé acá, me andá siguiendo? Dónde está Zaira? No estará bardeando, vó, sorete?”

 

 ¿Qué aerolínea tiene vuelo directo a Siberia?

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2 Responses to “Delivery Boy”

  1. gutundbillig Says:

    Viste. Lo peor es que dejaron de interesarme. En un momento puse mucha energía en creer que era posible ayudarlos. Pero me enseñaron, ellos, que era mejor tenerlos lejos, y me importan más mis hijos. Me da pena por los pibes, que crecen aprendiendo forradas y escuchando barbaridades (por decir poco). Cuesta ver amor.

  2. Lola Says:

    Siberia es poco para los vecinos esos de los que hablás.
    Se me pone la piel de gallina de imaginarme lo que contás. Pero bueno supongo que por eso mismo uno necesita alguna protección, aunque eso sea que las cosas te resbalen un poco más. Aunque no deja de ser triste.


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