Gitano mío, por lo menos date cuenta

17 febrero 2009

Hubo miles de te dejo, dejame, andate, me voy, no te quiero ver más. Apenas un par de amagues de ambos armando el bolso, revoleando llaves, corriendo por el pasillo del edificio. Pero el sábado parecía que sí, era la vencida. Juntaba hasta su último cachivache, cosa que nunca hizo, llenaba sábanas con medias huérfanas y las ataba al modo del chavo del ocho, sólo le faltaba el palito al hombro. Yo esperé ese momento con ansiedad en los últimos 2 o 3 meses. Antes no, antes sabía que si llegábamos a eso era para terminar en la cama como brutos perros salvajes. Pero me pasaron varias cosas.

No quería llorar, porque sabía que se tenía que ir, era necesario terminar. Me encantaba ver el espacio que empezaba a aparecer a medida que sacaba toda la ropa que jamás usaba del placard. También suspiré por el baño, por no tener que planchar uniformes, por volver a comer polenta. Pero no se podía ir a las 2 de la mañana, a dormir al auto, a buscar un hotel o a la casa de la madre (lo que yo quería). No se merece eso, para nada. El tipo está loco, pero no conocí persona más buena e inocente. Todo el mundo se aprovecha de él, no sabe ser malo, y a la vez  es el insufrible tío molesto de las bromas pesadas. Me hizo pasar mucha vergüenza, es increíblemente maleducado e insolente, pero siempre me aceptó como era. Me bancó mucho tiempo sin laburar, sin lavar un plato, sin salir de casa cuando estuve “en la mala”. Y lo vuelve a hacer cada vez que hace falta. Es incapaz de apoyarme como un hombre, lo hace a su manera. Es tan absorbente que me hice completamente dependiente de él. Yo, que hacía todo pero todo sola, que nunca llamé ni a mis amigos para estudiar, cruzamos un segundo las miradas cuando armó sus cosas y me quebré. No se lo dije, pero lo pensé. Yo no puedo vivir sin este tipo. Es todo, cada centímetro de él me da fortaleza, me protege del mundo, necesito su ok hasta para cambiar de detergente.

Ya imaginaba mi libertad. A medias, sí, porque tengo dos hijos, pero a lo mejor le decía a Darío que me pase a buscar y que fuéramos juntos a la cancha. Cuando llegara Fran iba a poder dormir en casa sin que alguien pensara que íbamos a garchar. Íbamos a poder cantar hasta la madrugada otra vez, encontrarnos en nuestra estación y tomar un café al cognac, muchas cervezas con manises. También conocer a Lúc, que me vuela la cabeza, y encontrarnos una vez aunque sea. Salir, bailar un poco, tomar. Retomar. Pero apareció la enana llorando, se metió a nuestro cuarto y tuvimos que apagar las luces para dormirla. Nos volvimos a acostar los tres, con toda su ropa tirada en la puerta.

Me acuerdo que, mientras decía que se iba, casi le digo “Dejáte de joder, que después ese quilombo lo voy a tener que juntar yo”. Qué capa soy. El domingo a la tarde me miró de reojo: “Guardá todo esto”.

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2 Responses to “Gitano mío, por lo menos date cuenta”

  1. gutundbillig Says:

    Hola Marian. Debe ser eso también, que no nos hacemos cargo de dejar de ser chicos.
    La montaña de ropa no nos dejaba caminar, no tuve opción.

  2. Marian Says:

    Complicadas las relaciones entre adultos…sobre todo cuando es tan dificil que mas vale ser ninios! 🙂
    Y guardaste?


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