Qué te cuento…

28 noviembre 2008

 

…Y no sé si es sueño o delirio…

 Fran. Me matabas con esta canción.  Por algún lado hay que empezar. Se me va a hacer difícil “explicarme” a alguien que me conoce tanto, y mejor que mi propia sangre. Estuve pensando esto y me parece que estaría bueno contarte la historia, de a poco, y vemos qué onda.

 Ponele que era junio del ’95. Estaba de visita un tío de Mendoza. Yo tenía 11 años, en general recuerdo las épocas según con quién me sentaba en el aula. Acá me estaba empezando a sentar con Daniela P. Ella llegó tarde de sus vacaciones, y cuando empezaron las clases, su mejor amiga de todo el mundo y toda la vida, Marianela C., no la esperó y se fue a sentar con Denise P. Entonces no le quedó otra que sentarse conmigo, la nueva, que, obvio, me sentaba sola. Bueno, este tío quería conocer Buenos Aires, la Capital. Una noche, cuando terminaba una de Olmedo y Porcel en un puterío, mi papá se acordó de Flores, que estaba más puterío que nunca. Vamos? No, dijo mi mamá, No, dijeron a coro todos, pero yo me prendí. Siempre me gustó salir con mi viejo, que me contara las calles, y cómo hizo para ubicarse acá, él, tan del campo. Tomamos el 86 por Laguna. Y ya no sé qué parte de esto es real y cuál es un recuerdo inventado. La cosa es que desde el colectivo ví un paredón blanco, con letras iluminadas de lila. Bamboche decía. Mis viejos se conocieron en Flores. Imagino que alguna vez fueron ahí, y creo que fuimos ahí esa noche. Alguna cola hicimos, eran todos vejetes. Un chamuyo de mi viejo para poder entrar conmigo, la mocosa, y todos adentro. Era la única menor de… 35 años. Estaba sentada tomando una coca, mi viejo y mi tío riendo por ahí. En Bamboche o en algún lugar de Flores, miré a mi derecha y ví al chico más lindo del mundo. Pelo negro, ojos celestes transparentes, carita de bebé y flequillazo de nene malo. Pecas, hermosas pecas. Obviamente más grande que yo. Temblé. Me habló. Temblé más.

-Hola, cómo te llamás? 

 -MmPppaloma.

-Cuántos años tenés?

-12 (no podía mentirle tanto y no daba decirle 11)

Yo soy Maxi, de acá de Helguera. Vivís cerca?

-Nnnno, soy de Villa Celina, cerca de la Gral Paz–

-Sí! Conozco. Una tía mía vive ahí, me gusta ir en tren…

-Vos decís Villa Adelina me parece… (a Celina no va ningún tren, en todo caso a nadie le gustaría ese viaje. Y no tenía cara de tener una tía en La Matanza).

-Ah sí…

-…

-…

-A qué escuela vas?

-No la conocés.

…………….

-Esto está lleno de viejos. Con quién viniste?

Mi papá. Està por allà. Lo estoy esperando.

-Yo tambièn, lo estoy esperando.

-A mi papà???

 Listo, con esto nos reímos. Me dijo que tenía 15 años, yo pensé en mi hermano, de 16, y dije guauuuu… Estaba de novio con una chica, Mariela, pero dijo que era tonta y se peleó. La familia le hinchaba las bolas. Querían que se case con ella, eran familias amigas. Tenía un hermano mayor y una hermana menor. Iba a un colegio bilingüe. Quería ser Ingeniero y futbolista. Y le gustaban los Stones. Y me dio un beso, el primero. Yo me moría, porque si algo no se me hubiera ocurrido nunca acerca de mi primer beso era que mi papá iba a estar ahí. Fue rápido y eterno. Mi papá no se enteró nunca. Le dí mi número de teléfono, le expliqué dónde era mi escuela. Al lunes siguiente apareció en la parada del 86 del Uno, que quedaba camino a casa. Me quería morir. De amor y de miedo. Tenía una cartita, escrita con marcador verde, diciendo que me felicitaba porque cumplíamos 1 día de novios. Estaba muy loco. Y una cadenita hermosa, con una parejita besándose. Me apuré para que no me vea nadie, para que nadie le cuente a mi mamá ni a mis hermanos. El loco me decía que ahora yo era su novia. Yo, con mi jumper de escuela barata del conurbano, sin depilar, muy lejos de ser agraciada, en sexto grado, donde nadie me hablaba, la menos popular del mundo… Ahora tenía un novio hermoso, con onda y de 15 años… Cómo pasó eso? Era todo muy Cenicienta, y yo, tan Welcome to the Dollhouse… Me costó entenderlo a Maxi. Me acomplejaba tanto tener su hermosa mirada sobre mí. Después me di cuenta que ni me miraba, el tipo necesitaba mandar a la mierda a la familia ya desde chiquito, con una nena que estaba lejos de responder a las expectativas. Igual me decía las cosas más lindas que me dijeron. Lo podía ver muy poco, me llamaba en horarios preacordados, se aparecía por ahí, y rateándose, merodeaba nuestra escuela. Con él fumé mi primer cigarrillo. Por él me escapé de mi casa por primera vez, y aprendí a hacerlo y se me hizo costumbre. Porque mi mamá no me dejaba salir. Cuando iba a comprar algo a la esquina me miraba desde la puerta. Una boluda de 11 años, creo que hasta cruzábamos la calle de la mano. Ahí empecé a encontrar a mi Miss Hyde. Tampoco nos dejaban usar el teléfono en casa. No podía llamar a nadie. Si pedía permiso para hacerlo, se paraban al lado mirando el reloj, horrible. Entonces, desde ahí, todo a escondidas. Me la pasaba en mi casa, cero amigas. Pero de a poco encontré la manera de escaparme los viernes o sábados a la noche, y cuando me puse audaz, unas 3 veces me escapé un domingo, a bailar a Liniers. El domingo se ponía muy stone Meteoro. Y divertidísimo. Pero duraba re poco. El Zurdo, un amigo de Maxi, tenía un Senda azul. Me llevaba volando a casa, tipo 3 de la mañana. Mis noches eran muy cortitas por lo general. No quiero imaginarme qué hubiera pasado, no quiero… Siempre salió bien. Tenía todo calculado, camisón, mis hermanos que siempre entraban y salían… En esas noches conocí a Julieta, Julieta2, Vale, Eli, Mariela la ex, y los amigos de Maxi que eran mil. Las chicas me producían, todas lo querían a Maxi, pero igual me ayudaban a verme más grande. Tacos, maquillaje y chau. Cruzábamos avenidas muy irresponsablemente, mareados, y yo no lo podía creer. Entrábamos a todos lados, incluso fuera de matinée, fuimos a El Cielo y un par de ese estilo, pero nos gustaban los recitales. En los que me podía cruzar con mis hermanos. Estaba siempre escondida. Era como la mascota de los chetos. Me pagaban entradas, tragos, mis primeros tragos. Era todo fascinante. Y durante la semana seguía siendo una perdedora. Aunque a veces los encontraba a los chicos y no hacíamos nada, pero nos matàbamos de risa, y me ayudaban a sentirme menos desgraciada. Y superior a mis compañeros, que no tenían ni idea de nada. No duró tanto, porque en noviembre nos peleamos con Maxi. Un mes después de cumplir los 12 de verdad. Un mes antes de hacerme señorita. Justo la noche del baile en la parroquia. Que lo necesitaba tanto, para que todos vean qué lindo el chico que estaba conmigo. Y para colmo, esa noche las chicas más lindas bailaban lentos con los chicos más lindos. Bailaban de una forma más moderna. Se usaban las bucaneras con Kickers. A Maxi le gustaban las bucaneras y la convencí a mi mamá para que me compre unas. Fui con mis primos al baile. Me quería matar. Todo el baile sola, hasta quise bailar sola, parada, esperándolo. Por supuesto que nadie me sacó a bailar. A partir de esa noche yo sabía que todas mis noches iban a ser un fracaso, que no iba a poder ser sin él, sin el apoyo y la confianza que me tenían un montón de chicos “grandes” para animarme a hacer cualquier cosa, como jugar al ring-raje en Recoleta a las 2 de la mañana del domingo. Ahí volví a ser una más, una menos, porque ya nunca me iba a sentir parte de ningún grupo, ahí empezó mi <no soy de aquí, ni soy de allá>.

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